Gustavo Palma, examinador de Tráfico: “El error más habitual es no parar en un stop; las glorietas también causan muchos suspensos, sobre todo por no señalizar bien la salida”
hace 2 horas
Durante más de 25 años, Gustavo Palma Aparicio ha ocupado el asiento trasero del coche en miles de exámenes prácticos de conducir. Desde ahí ha visto pasar aspirantes de todo tipo: jóvenes que se presentan por primera vez, adultos que se juegan una oportunidad laboral, personas que arrastran meses de espera o que vuelven a intentarlo tras un suspenso. Cambian los perfiles, pero el momento decisivo, cuando el coche empieza a moverse, sigue teniendo algo reconocible.
Palma trabajaba como examinador de Tráfico en la provincia de Barcelona y conoce bien lo que ocurre en esos minutos en los que los nervios pesan más de lo que parece. En conversación con La Vanguardia, repasa cómo se vive el examen en el otro lado del vehículo, qué hay de cierto en algunos de los mitos más repetidos y cuáles son los errores que siguen apareciendo una y otra vez en la prueba práctica.
Su trabajo cambia cada día. ¿Cómo se organiza la jornada de un examinador y cuándo saben qué tipo de prueba les tocará realizar?
Conocemos la planificación el día anterior. Entonces nos comunican el destino y la función que tendremos asignada. Podemos hacer examen teórico, pruebas de destreza -como las de moto o camión- o examen práctico de circulación, que es lo más habitual. En Barcelona examinamos todos los días, igual que en Sabadell, que tiene su propia oficina local. Después están los distintos municipios a los que nos desplazamos siguiendo un calendario establecido. Es un sistema bastante organizado.
Se suele decir que un examinador sabe en los primeros minutos si un alumno va a aprobar o suspender. Foto: FB/DGTes
Se suele decir que un examinador sabe en los primeros minutos si un alumno va a aprobar o suspender. ¿Es verdad?
Es una idea que ha circulado mucho durante años, pero hoy no refleja cómo funciona realmente el examen. Precisamente por eso existen tiempos mínimos de prueba. Además, una parte importante del recorrido es la conducción autónoma, donde el aspirante recibe las mínimas indicaciones posibles. Se le marca un destino conocido o un lugar al que pueda dirigirse siguiendo la señalización y, durante ese tiempo, conduce de una forma mucho más natural.
¿Qué busca entonces un examinador en esos primeros minutos?
Buscamos distintas situaciones reales de circulación: incorporaciones a autopista, giros a la izquierda, glorietas, diferentes tipos de intersecciones… Tenemos que comprobar que el aspirante sabe desenvolverse en escenarios muy distintos. Los primeros minutos tampoco son representativos porque hay personas que empiezan muy nerviosas y, cinco minutos después, conducen de una forma completamente diferente. Necesitan adaptarse al vehículo, a la situación y rebajar esa tensión inicial.
Precisamente los nervios parecen ser uno de los grandes enemigos del examen práctico. Después de tantos años, ¿qué ha aprendido sobre ese momento?
Es, con diferencia, la situación en la que más nervios he visto pasar a una persona. Me lo han dicho psicólogos, profesores universitarios, profesionales de todo tipo e incluso personas que ya conducían antes de obtener el permiso. Todos coinciden prácticamente en lo mismo: nunca habían sentido una presión igual. Hay personas que me han llegado a decir que el examen de conducir ha sido el momento de más nervios de toda su vida.
Esa tensión no solo la vive el alumno. ¿También la perciben los profesores de autoescuela? Foto: FB/DGTes
Muchas veces les pregunto por qué ocurre y la explicación suele repetirse. Hay una persona sentada detrás observándote exclusivamente a ti. Tienes que demostrar al mismo tiempo conocimientos teóricos, capacidad práctica, reflejos, atención y capacidad para tomar decisiones. Todo sucede en cuestión de segundos.
Esa tensión no solo la vive el alumno. ¿También la perciben los profesores de autoescuela?
Claro. Existe una relación muy estrecha entre profesor y alumno. El profesor conoce perfectamente el nivel de esa persona y muchas veces ve que conduce muy bien durante las prácticas, pero el día del examen ocurre algo completamente distinto por culpa de los nervios. Yo también fui instructor de examinadores en Madrid y me ocurría exactamente lo mismo. Veías a personas que estaban perfectamente preparadas y, cuando llegaba el momento de ser evaluadas por otro examinador, parecía que no eran las mismas. Es algo muy humano. Cuando uno se siente evaluado, el nivel de presión aumenta muchísimo.
¿La presión es mayor ahora que hace unos años?
Sí, bastante mayor. Las listas de espera influyen mucho. Hoy un aspirante sabe que, si suspende, probablemente no podrá volver a examinarse hasta pasados un par de meses. Solo ese pensamiento ya aumenta la presión y hace que sea más fácil cometer errores.
¿Cómo influye esa espera en la forma de afrontar el examen?
Muchísimo. Antes se decía que en verano suspendía más gente, pero no era una cuestión estacional. Lo que ocurría es que el calendario de exámenes cambiaba y muchos sabían que, si no aprobaban, tendrían que esperar bastante tiempo. A eso se suma el coste económico: más prácticas, nuevas tasas y, si se agotan convocatorias, volver a renovar el expediente. Todo eso pesa.
¿Cómo influye esa espera en la forma de afrontar el examen? Foto: FB/DGTes
Cuando un alumno suspende, muchas veces culpa al examinador. ¿Os volvéis a encontrar con esos mismos aspirantes?
En Barcelona es difícil porque somos alrededor de 85 o 90 examinadores y hay mucho volumen de trabajo, así que no suele coincidir. En oficinas más pequeñas sí puede ocurrir con mayor frecuencia. Y, sinceramente, al examinador tampoco le gusta repetir con un aspirante porque muchas veces éste llega pensando: ‘Este fue el que me suspendió’. Pero esa idea no es correcta.
¿Por qué?
Nosotros no suspendemos ni aprobamos a nadie. Aplicamos unos criterios de calificación establecidos y valoramos las acciones del aspirante. En función de las faltas que cometa, el resultado será apto o no apto. Nuestro trabajo consiste en calificar objetivamente la conducción, no en decidir arbitrariamente quién aprueba o quién suspende.
Hay quien dice que hay examinadores más estrictos que otros. ¿Existe realmente esa diferencia? Foto: FB/DGTes
Hay quien dice que hay examinadores más estrictos que otros. ¿Existe realmente esa diferencia?
Todos trabajamos con los mismos criterios de calificación. Ahora bien, igual que ocurre con un árbitro de fútbol, existen situaciones que requieren cierta interpretación. Hay maniobras muy objetivas, pero otras dependen del contexto: la velocidad, la distancia de seguridad, la posición de un peatón o las circunstancias concretas del tráfico. Ahí puede existir un pequeño margen de valoración, pero siempre dentro de unos criterios comunes.
Después de más de dos décadas examinando, ¿qué errores siguen condenando a más aspirantes a repetir el examen práctico?
El más habitual sigue siendo no realizar correctamente la detención obligatoria en un stop. Muchos conductores reducen la velocidad, miran y continúan, pero no llegan a detener completamente el vehículo.
Sorprende que un fallo tan básico siga siendo uno de los más frecuentes
Sí. Los profesores insisten muchísimo en ello. Algunos incluso enseñan a contar mentalmente ‘uno, dos, tres’ para asegurarse de que el coche se ha parado por completo. Es curioso porque, desde el punto de vista de la conducción, un ceda el paso bien resuelto exige valorar muchos más factores: la velocidad, la visibilidad, la marcha adecuada o si existe realmente espacio para incorporarse. En un stop la norma es muy clara: hay que detener completamente el vehículo.
¿Qué otros fallos son frecuentes?
Las glorietas generan muchos suspensos. Sobre todo por no señalizar bien la salida, lo que provoca errores en la interpretación de las maniobras. También las separaciones laterales, especialmente con vehículos aparcados a la derecha. El alumno controla mejor su lado izquierdo y le cuesta más el margen derecho. Y la anticipación. Ver lo que puede pasar antes de que ocurra: una puerta que se abre, un coche que se incorpora, un cambio de ritmo del tráfico. Eso sigue costando.